¿Debe un AirBnB pagar los mismos impuestos que un hotel?

En las nuevas empresas encasilladas en la categoría de “economía colaborativa”, como Uber o AirBnb, las transacciones se caracterizan por involucrar a personas físicas y por no conllevar un cambio en la propiedad de activos.

Esta nueva forma de negocio ha generado mucho interés por su potencial para incrementar la eficiencia económica. Además, es atractiva en cuanto que su pone un choque respecto a los modelos de negocio tradicionales, y por ello también presentan limbos legales tanto en ámbitos políticos como tributarios.

Respecto a los desafíos anteriormente comentados, estos se basan en la equidad y la eficiencia, pero también con la igualdad en el tratamiento impositivo y con la facilidad de participación en el mercado.

Pero ahora que día a día proliferan estos nuevos modelos de negocio, se observa una desigualdad en muchas ciudades del mundo en los servicios de alojamiento, como consecuencia de los impuestos al turismo. Así, mientras los hoteles deben pagar impuestos específicos sobre sus ingresos, los ingresos a través de la llamada economía colaborativa pueden no estar gravados, generando una ventaja para esta última como es el caso de los AirBnb.

En cuanto a la facilidad de participación en el mercado, alguien que ofrezca, por ejemplo, su casa en AirBnB está obligado a darse de alta en regímenes tributarios o cambiar de régimen.

La política tributaria debe buscar reducir la posibilidad de que plataformas exteriores erosionen la base tributaria sacando los beneficios del país y llevándolos a otros con baja imposición a la renta corporativa o empresarial. En España, AirBnb gestiona más de 35.000 viviendas en alquiler pero pagó sólo 81.000 euros en impuestos en 2015.

Fuente: El País

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