Nuevas regulaciones específicas para los auditores

Los auditores deberán mejorar su perfil tecnológico y adaptar su actividad a una regulación diferenciada por tipo de empresa en los próximos años, según el informe ‘El futuro de la Auditoría’, elaborado por Grant Thornton y la asociación internacional de auditores ACCA.

El estudio indica los retos pendientes a los que se deberán enfrentar los profesionales del sector de la auditoría en la próxima década. Así, la conectividad global, la inteligencia artificial y los nuevos medios de comunicación serán los principales motores que moldearán la profesión, unos cambios que requerirán “una mayor necesidad de seguridad, y de auditoría, en particular”.

Además, las auditorías deberán adecuar los informes a la flexibilidad y al acceso a los datos en tiempo real que permite actualmente la tecnología, frente a la perspectiva de un ciclo anual, que resulta “demasiado lento” para el contexto actual.

En los países en desarrollo, el futuro de la auditoría estará centrado en la búsqueda de calidad consistente y de una mayor eficiencia del proceso auditor para las compañías, los usuarios y los propios auditores; mientras que en los países desarrollados los informes podrían incluir información de interés para otro tipo de usuarios, realizarse de manera más rápida y sobre un campo informativo más amplio que el actual de manera que incluyeran información no financiera y de contexto.

Por otro lado, el informe apunta que podrían surgir regulaciones específicas por tipos de entidades, distinguiendo entre compañías cotizadas, no cotizadas, grandes, pequeñas y medianas, y siendo los distintos países los que apliquen los distintos parámetros de obligatoriedad según el tipo de entidad. Ante la complejidad de las actividades empresariales, los expertos también aseguran que se necesitan más especialistas en los equipos de auditorías en diferentes materias y mejor integrados entre ellos, desde ingenieros hasta psicólogos.

Asimismo, la profesión debe estar preparada para cambiar de manera significativa respecto a las necesidades de sus clientes y responder a las mismas de forma diferenciada, prediciendo las discordancias entre lo que quiere el mercado, lo que necesitan las compañías que quieren cotizar y lo que permite el regulador.

 

Fuente: Expansión

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